Prostitutas por placer historia de la prostitucion

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Así las cosas el creciente movimiento sufre un cisma en su interior. De un lado, aquellas que buscan la legalización y regulación de la actividad por parte del Estado y que consideran a la prostitución un trabajo y, como tal, exigen que sea alcanzado por la legislación laboral, con derechos y obligaciones para quienes lo ejercen. Del otro margen, las activistas sostienen que la prostitución reproduce y amplifica relaciones de poder desigual y que, aunque la mujer que se prostituye lo haga por propia decisión, siguen primando el sometimiento, la opresión y la cosificación.

Riot, en cambio, analiza esta realidad de manera diferente. La grieta interna del feminismo toma forma. Sin embargo, son las propias activistas quienes reconocen la importancia de que este movimiento que tantas conquistas logró, subsane las diferencias. Ajena al debate al interior del feminismo, Miranda Estrella, la escort del prime time televisivo, sigue con su trabajo. Miranda eligió ser trabajadora sexual y se muestra feliz por la decisión que parece ser acertada en vistas del éxito económico del que goza.

Prostitución glamorosa y sin riesgos. Esta ficcionalización light del trabajo sexual es también advertida por aquellas mujeres que buscan la regularización del trabajo sexual. Sin embargo, la TV lo sigue mostrando como un ambiente donde todo es color de rosas.

Lo hace a cara descubierta, ya que no oculta su rostro ni en los anuncios, ni en sus constantes apariciones en los medios. Deberíamos tener los mismos derechos que cualquier otro trabajador". Sólo algunas heroinómanas desesperadas seguían buscando clientes a la intemperie. El resto recibía en clínicas de masaje , gestionadas en algunos casos por cooperativas de prostitutas. Desde la ampliación de la UE al Este, sin embargo, la situación ha empeorado.

Lilje admite que muchas de estas extranjeras son rehenes de las mafias. La opinión generalizada es que una prostituta es o drogadicta, o delincuente, o víctima. Quiero decirle a la gente que no siempre es así, y que somos muchas las que nos dedicamos a esto porque nos parece un trabajo agradable".

Si pensabas que me estabas haciendo un favor por pagarme por 30 minutos o una hora, te equivocas. De hecho, hubiese preferido si te hubieses tumbado de espaldas y me hubieses dejado hacer mi trabajo.

Podría haber ganado una medalla de oro por fingir. Fingía tanto, que la recepcionista casi se caía de la silla riéndose. Del lubricante y los condones. Si pensabas que pagabas por lealtad o charlar un rato, debes volver a pensar en ello.

No me interesaban tus excusas. O cuando ofrecías cualquier otra patética excusa para comprar sexo. Cuando pensabas que te entendía y que sentía simpatía hacia ti, era todo mentira. No sentía nada hacia ti excepto desprecio, y al mismo tiempo destruías algo dentro de mí. Plantabas las semillas de la duda. Cuando alababas mi apariencia, mi cuerpo o mis habilidades sexuales, era como si hubieses vomitado encima de mí. Solo veías lo que confirmaba tu ilusión de una mujer sucia con un deseo sexual imparable.

De hecho, nunca decías lo que pensabas que yo quería oír. En su lugar, decías lo que necesitabas oír. Lo decías porque era necesario para preservar la ilusión, y evitaba que tuvieses que pensar cómo había terminado donde estaba a los 20 años.

Cuando una gota de sangre aparecía en el condón, no era porque me hubiese bajado el período. Y no, no me iba a casa después de que hubieses terminado. Seguía trabajando, diciéndole al siguiente cliente la misma historia que habías oído.

Estabas tan consumido por tu propia lujuria que un poco de sangre menstrual no te paraba. Lo mismo vale para esas veces que sonreías y decías que parecía que tenía 17 años.

Estabas poniendo a prueba mi habilidad para decir que no. A veces no me quejaba lo suficiente, o simplemente lo ignoraba.

Las prostitutas existen porque eres un misógino, y porque solo te preocupan tus necesidades sexuales. Cuando finalmente te regañaba , y dejaba claro que no te iba a volver a tener como cliente si no respetabas las reglas, me insultabas a mí y mi papel como prostituta. Eras condescendiente, amenazador y maleducado.

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Solo aquellos que confirman la visión negativa de las mujeres sobre sí mismas. Espacios de nombres Artículo Discusión.

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